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Luis Alberto Schor
Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Amar es dar libertad, esa es la premisa a respetar.
Puedo admitir un Dios creador, lo que no creo es que precise intermediarios.
Si un niño pasa hambre, ese es el infierno, si tus ojos me miran, ese es el cielo.
Para conocer el regocijo del retorno, primero me fuí...
Cuando todo parece acabado, vacío, siempre me quedan tangos y silencios. Entonces elijo.
Si me cortan las alas, floto, floto...no me pueden alcanzar.
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Años de soledad



Años de soledad

 

Salí del departamentito y el frío estalló sin aviso, atrás, una puerta sin llave custodiaba el sueño apacible de mi nieto, ese pedacito de carne palpitante que reposa en el sueño de los justos. Comencé a caminar por la calle paralela al canal de navegación esquivando los manchones de nieve sucia, una desprolijidad impropia en este primer mundo engreído de asepsia.

Quería cumplimentar la recomendación de una caminata diaria ahora que estaba libre del agobio del calor bonaerense; en este Mol, enclavado en la región flamenca de Bélgica, la temperatura no suele abandonar las cifras negativas, todos sueñan con un 0 como si fuese un premio impensado. Además, para que engañarme, quería fumar dos o tres cigarrillos antes de retornar al pequeño hogar del aún más pequeño Ian, persistir en el vicio del humo era un modo de sentirme menos lejos de mi propia cuna.

Lo primero que observé fue la monotonía de grises y tristes verdes dominando la vista, sólo el blanco de la nieve marcaba el contraste y hasta el agua del canal, parcialmente cubierta por delgadas lajas de hielo, se veía gris. Nubes gris oscuro arriba mío, con dos o tres orificios celestes como anunciando la posibilidad de un cielo algún día, el sol había desaparecido, avergonzado de tanta tristeza.

No se veía ni un alma en la calle, a excepción de los conductores de no más de diez vehículos que se cruzaron en toda mi caminata; ah, uno me saludó y me sorprendió con la evidencia de mi existencia, bienaventurado seas, amigo mío…

Unas cuadras más adelante, apareció un edificio con tres salientes ornamentales coloreadas, amarillo, azul y verde. Algún arquitecto demente debe haber creado esa nota de color tan extravagante en un paraje monótono como éste, su rebelión era tan estridente como vana, cincuenta metros adelante todo volvía a la uniformidad tonal. Yo fumaba mi primer cigarrillo cuando un ruido grave e intenso comenzó a oírse, luego descubrí que provenía de un lanchón que navegaba en el canal a moderada velocidad, haciendo crujir la helada superficie del agua. Pude ver al hombre aprovechando la obra del hombre; esa vista y el graznido lejano de un ave me devolvieron la sensación de vitalidad necesaria como para proseguir la marcha.

Fue en ese momento cuando en mi cabeza comenzó a resonar Años de soledad en la versión de Astor con Gerry, era la melodía exacta para el momento, la exacta conjunción de fuelle y saxo evocando los perfumes de los recuerdos tiernos. Música nacida de la diversidad hecha armonía, el maridaje de dos culturas diferentes que se descubren en lo profundo de los sentimientos compartidos a través del más universal de los lenguajes, el de los sonidos del alma cuando expresa su fuerza creadora buscando el reinado de la paz entre los hombres desde un humilde pentagrama.

Me detuve frente a la esclusa que comunica el canal superior con el inferior, todo un símbolo de unidad e integración, ahí decidí emprender el regreso, necesitaba estar junto a la cunita de Ian, oír su suave llanto reclamando su alimento, acariciar sus mejillas y cabecita con mis dedos, como si tuviera un pianito con teclas de terciopelo entre las manos y una partitura de siglos. Volver con tres puchos apagados en el bolsillo de la campera para no contaminar el suelo que mi progenie pisará cuando el sol anuncie que la vida continúa en Mol, que quedan muchos años de soledad por recorrer y otros muchos de felicidad anunciados en el milagro de una nueva existencia.

Es que frente al departamentito de Ian, los árboles tienen sus hojas teñidas de un verde tan vital que deslumbran…

 

Escrito en Mol (Bélgica) el 3 de enero del 2011


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
03/01/11 | 16:46: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
cuanto contenido oculto tras una breve reseña de tu caminata por Mol es como si Piazzola y Gerry, fueran los dueños desde sus disparidades del secreto escondido en tu escrito, disfruta la distancia amigo, para que Buenos Aires , su desorden y su calor, te hagan la vuelta mas amigable, un beso
rojas.stellamaris@yahoo.com.ar
 
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