Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Lunes 13 de julio de 2020
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
Luis Alberto Schor
Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Amar es dar libertad, esa es la premisa a respetar.
Puedo admitir un Dios creador, lo que no creo es que precise intermediarios.
Si un niño pasa hambre, ese es el infierno, si tus ojos me miran, ese es el cielo.
Para conocer el regocijo del retorno, primero me fuí...
Cuando todo parece acabado, vacío, siempre me quedan tangos y silencios. Entonces elijo.
Si me cortan las alas, floto, floto...no me pueden alcanzar.
Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Marzo 2013
El Diablo, la Chingada y el Volcán
Mostrar datos Diciembre 2012
Mostrar datos Septiembre 2012
Mostrar datos Agosto 2012
Mostrar datos Abril 2012
Mostrar datos Marzo 2012
Mostrar datos Febrero 2012
Mostrar datos Enero 2012
Mostrar datos Diciembre 2011
Mostrar datos Noviembre 2011
Mostrar datos Octubre 2011
Mostrar datos Septiembre 2011
Mostrar datos Agosto 2011
Mostrar datos Julio 2011
Mostrar datos Junio 2011
Mostrar datos Mayo 2011
Mostrar datos Abril 2011
Mostrar datos Marzo 2011
Mostrar datos Febrero 2011
Mostrar datos Enero 2011
Mostrar datos Diciembre 2010
Mostrar datos Noviembre 2010
Mostrar datos Octubre 2010
Mostrar datos Septiembre 2010
Mostrar datos Agosto 2010
Escuchá Radio De Tango

Últimos comentarios de este Blog

15/12/12 | 13:03: Luis dice:
Gracias Elena por tu comentario. Cariños
15/12/12 | 10:09: Elena A. Navaro (Falta tiempo para tanto decir) dice:
Exelente tu prosa, poética y bella. Te mando un saludo Elena
21/08/12 | 20:56: Luis dice:
Agradezco tus amables conceptos Elena. Luis
Vínculos
La técnica y el hombre actual La técnica y el hombre actual


Es cierto que algunos valores clásicos han cambiado, siendo lógico que esto sucediese ante tantas va... Ampliar

Comprar$ 25.00
Escuchá Radio De Tango

Aquel poema olvidado


Es un desván, territorio de ilusiones, de caos.
Entren, hasta los curiosos son bien recibidos, lo único que les requiero es que no pretendan poner orden


Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

El hueco



El hueco

 

¡Pasame tu plato, rápido que…! Con dificultad, emergía de las tinieblas. La bruma espesa que lo rodeaba hacía que se sintiera inconsistente, sin sustancia. El único estímulo era esa orden que resonaba en su interior, multiplicada en ecos.

Otra sensación lo asaltó, más que molesta por lo intensa: el dolor, le dolía la cabeza; clavos le atravesaban el cerebro, alguien los martillaba. ¡Pará! quiso decir

¡Pará! Pero no pudo, su voz no salía. ¿O era que no se escuchaba? Solo persistía el ¡pasame tu plato, rápido que…! Una y otra vez. ¿Quién era tan imperativo? ¿Por qué no terminaba la frase? ¿De qué plato hablaba? Él no tenía ninguno. ¿Entonces…? Solo bruma y el dolor, la única respuesta. No recordaba tanta confusión. No recordaba nada.

La nube se fue dispersando, aparecieron sombras, figuras borrosas. Oyó algo más, algo que no era la frase perentoria tan repetida, voces que decían cosas que no entendía. Abrió más los ojos, aunque le dolía tanta luz. ¿Cómo puede causar dolor la luz? Pero aguantó, quería ver y escuchar. Allá en el fondo ¿en qué fondo, en el suyo o en otra parte que no le pertenecía? Allá en el fondo, seguían pidiendo el plato. Mentalmente pidió que alguien alcanzara el bendito plato para que ese tipo se callara de una vez.

Comenzó a darse cuenta de que no sabía donde estaba. Estaba acostado pero no sentía nada del lado derecho. Contó los dedos de su mano izquierda: cinco

A continuación pudo distinguir algunas palabras; alguien, una mujer, insistía con: Miguel, Miguel, Miguelito ¿me oís? ¿Quién sería Miguel, por qué no le contestaba a la mujer? Otra voz, esta de hombre, decía: las primeras 24 horas son críticas…no terminaba la frase. Nadie respondía. El hombre continuaba: queremos hacer otra resonancia para ver la evolución. Ya pasaron ocho horas de la primera. La presión ocular disminuyó y va tomando conciencia. Debemos tener fe, calma y ser pacientes.

 

La enfermera terminó la afeitada diciendo: bien Miguelito, ya estás lindo, ahora le digo a tu mujer y los chicos que pasen a verte. Estaba en otra habitación, solo, le dijeron que al principio estuvo en TI, pero ahora estaba aquí. Todavía le costaba entender porqué aquí no era allá. ¿Qué tan lejos era allá?

Intentaba mover los dedos de la mano derecha como le habían aconsejado cuando la mujer y los dos niños entraron saludándolo con gran efusión. La mujer, muy sonriente, lo besó mientras decía: ¡Qué suerte, querido! Nos dijo el doctor que la semana que viene van a ver si podés caminar. Parece que su reacción no fue la esperada porque la sonrisa se borró de esa cara tan expresiva.

Es que para él, la semana que viene era un concepto muy difuso, aunque no tan oscuro como el que esa mujer, esos niños, fuesen suyos. No recordaba nada del pasado, salvo la voz de ese tipo pidiendo el plato, aunque todavía la frase continuaba incompleta, ese “rápido que” mantenía los puntos suspensivos. ¿Rápido que, qué? ¿Qué estaba pasando o iba a ocurrir para tanta prisa?

La visita se prolongó más de lo que hubiese querido. Le seguían resultando extrañas esas caras, los besos y las caricias. No encontraba respuesta a tanta insistencia, por más que, para conformar a todos, aceptaba que eran su familia.

 

Fernanda llora desconsolada parada frente a la mesita de luz sobre la que reposa el papel. Sus hijos estaban en la escuela y había vuelto de la consulta a la psicóloga de Miguel. La mujer le había dado cierta información sobre él con el único propósito de darle alguna esperanza. Sucinta, le dijo: la situación de Miguel es muy complicada. Recuperó buena parte de su movilidad y bastante de su pasado. Pero hay espacios que todavía no consigue llenar, entre ellos, no recuerda ningún momento de felicidad o placer que haya vivido antes del ACV.

Eso, le impide cualquier vínculo afectivo, se siente ajeno a todo. No es usual, pero…

Entre lágrimas, vuelve a leer lo escrito en el papel:

Fernanda, no puedo seguir aquí, debo irme, a buscar lo que perdí, a buscarme.

Espero que vos y los chicos lo puedan entender. Si puedo, volveré a ser Miguel

Ah, lo recordé, la voz que escucho era la mía : ¡Pasáme tu plato, rápido que me estoy yendo!


Calificación:  Votar Aún no han votado este texto  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
Últimas entradas del mes
29/07 | 11:28 El guía
27/07 | 13:29 La Revancha de Lugo
23/07 | 18:36 Epipremnum aereum
23/07 | 18:35 Mundo canalla 4
20/07 | 17:05 Los Zuviría
10/07 | 00:42 La entrevista
05/07 | 12:00 Mundo canalla 3


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2020- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS